Continuando la filosófica línea que movidadigital ha tomado en sus últimos posts, hoy quiero contaros una historia, que podréis mirar como un consejo para vuestras rutas de senderismo,,, o si lo veis oportuno aplicar en plan metáfora a vuestras vidas.
Un día fui invitado por unos amigos a pasar un fin de semana de acampada y senderismo… La verdad es que el grupo era novato en esta afición y yo aún más, La ilusión por disfrutar de un buen fin de semana en comunión con la naturaleza era una buena propuesta para olvidarse de los problemas e inseguridades que a todos nos acechaban
El esfuerzo de preparar mochila, zapatillas, desplazamiento, ruta… nos hacía presentir un final feliz. Cuando llego el Domingo y regresábamos a casa, las cosas no habían sido como esperábamos, no habíamos visto ningún bonito paisaje y nadie se había comunicado espiritualmente con la naturaleza… vamos que estábamos ante el final de todas las posibles escapadas silvestres del resto de nuestras vidas.
Paramos a tomar café en un restaurante a pie de carretera y empezamos a quejarnos…Alguien que nos oía se acerco y les pregunto respetuosamente, ¿Cómo es posible, que después del esfuerzo que supone hacer los preparativos, y el desplazamiento hasta el punto de partida, no obtengáis un final feliz en vuestra ruta campestre…?
El señor que parecía disfrutar de una gran paz interior, se brindo a ser guía de la próxima escapada que organizáramos… nos miramos, y después de haber comprado nuestro “Kit de explorador” decidimos escuchar al señor y dar una oportunidad, el siguiente fin de semana a su plan…
Pasados 7 días, estábamos todos con nuestro kit de escalador aficionado, nuestras mochilas, esperando la llegada de nuestro guía… los más incrédulos apostaron a que no se presentaría… llego la hora de la cita, y puntualmente el señor nos esperaba en el lugar indicado… Emocionados comenzamos nuestro caminar siguiendo sus pasos… el camino tenía muchos cruces, haciendo que la ruta tuviera miles de posibles configuraciones…
Llego el primer desvío… a la derecha un caminito en pendiente descendente, a la izquierda un fuerte pendiente… la primera vez que por nuestra cuenta hicimos la ruta tomamos el camino de la derecha… estA vez nuestro guía nos dijo “Tomaremos el camino más incomodo”… El siguiente cruce nos obligaba a cruzar un riachuelo saltando entre piedras, o pasar sobre un puente… cuando todos íbamos de cabeza hacia el puente, nuestro nuevo amigo nos grito “Sois muy jóvenes… tenéis botas impermeables…¡Un poquito de emoción”… por el río”. Seguimos sus pasos y nos toco elegir entre subir una pendiente en plan escalador o tomar un sendero acotado y seguro…esta vez no nos equivocamos y entre piedras y poniendo a prueba nuestras dotes de aventureros subimos la ladera escarpada… así pasamos buena parte de la mañana y tras 3 horas de difíciles y complicados caminos llegamos a lo más alto de una montaña que escondía un lago con orillas verdes una pequeña cascada y un silencio maravilloso que solo se atrevía a interrumpir el sonido de la pequeña cascada… Dejamos nuestras mochilas y cada uno hizo lo que le pedía el cuerpo… yo me quité los zapatos metí mis pies en la fresca agua del manantial, cerquita de la cascada… me abandoné al sonido del agua al caer y miré un par de mariposas que revoloteaban a mi alrededor… otros pasearon, una pareja que nos acompañaba se beso…
Tras varias horas en la que todos descubrimos algo nuevo y distinto a nuestras ajetreadas vidas, bajamos al pueblo… una vez llegamos al punto del que partimos, el amable señor se despidió de nosotros y nos dijo “…siempre que queráis encontrar algo verdaderamente único en la naturaleza… olvidad vuestros miedos, confiad en vuestras posibilidades… y no dudéis en tomar el camino más difícil… la recompensa os aseguro… que valdrá la pena”
JD